Devocional para hoy

24 de Enero

Nuestro Defensor

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. (2 Corintios 8:9)

Si hay quienes piensan que realizan grandes sacrificios por la obra, consideren el sacrificio que Cristo hizo en beneficio de ellos. La raza humana se encontraba bajo sentencia de muerte, pero el Hijo de Dios revistió su divinidad con la humanidad y vino a este mundo para vivir y morir en nuestro favor. Vino a enfrentarse con la hueste de los ángeles caídos. Necesitábamos un Defensor, y cuando nuestro Defensor llegó, venía revestido de humanidad; porque tenía que someterse a todas las tentaciones con las cuales son asediados los seres humanos, con el fin de aprender cómo librar de tentación a los piadosos. Tomó su lugar a la cabeza de la raza humana, para que los hombres y las mujeres pudieran estar en terreno ventajoso.

Cristo no vino a este mundo en medio de una legión de ángeles. Dejando de lado su manto regio y su corona real, descendió de su exaltado puesto de comando, y se hizo pobre por amor de nosotros, para que nosotros fuésemos enriquecidos con su pobreza. Este fue el plan que se trazó en las cortes celestiales. El Redentor de la humanidad debía nacer en medio de la pobreza, y debía ser un obrero que se valiera de sus manos. Trabajó con su padre en el oficio de carpintero, y se preocupó porque todo lo que hacía fuera perfecto. A veces sus compañeros lo criticaban por ser tan meticuloso. ¿De qué vale ser tan detallista? preguntaban. Pero él continuaba laborando hasta que el trabajo que tenía entre manos resultaba tan perfecto como podía, y entonces levantaba la vista con el semblante iluminado por la luz del cielo, y los que lo habían criticado se retiraban avergonzados. En lugar de desquitarse cuando lo criticaban, comenzaba a cantar un salmo y antes que sus críticos se dieran cuenta de lo que hacían, ellos también estaban cantando.

En nuestras instituciones nunca se debería permitir el trabajo chapucero de ninguna especie. Cada estudiante debe aprender que para alcanzar la perfección en la construcción del carácter, necesita ser fiel en los deberes más insignificantes que se le asignen. “Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” ( 1 Corintios 3:9), y vuestro trabajo debe ser realizado a la vista de un Dios santo. Haced lo mejor que podáis, y los ángeles celestiales os ayudarán a llevar a cabo vuestro trabajo hasta la perfección... Cristo abandonó los atrios celestiales y se vino a este mundo con el fin de efectuar nuestra expiación. Todos los que acudan a él con fe viviente quedarán capacitados para sostenerse sobre terreno ventajoso.

Cultivemos un carácter tan puro y santo que Cristo pueda presentarnos con regocijo delante de su Padre. Seamos henchidos de los principios vivientes de la verdad para este tiempo. Vivamos una vida tal que logre conducir a los pecadores al Salvador... Podemos ser hechos completos en él. ¿Cómo? Llegando a ser participantes de la naturaleza divina.