Devocional para hoy

13 de Diciembre

Entonces Lo Sabremos

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33).

Satanás tiene el propósito definido de cortar toda clase de comunicación entre Dios y su pueblo, de modo que él pueda llevar a cabo sus tretas engañosas sin que haya una voz que nos advierta de su peligro. Si logra que los hombres desconfíen del mensajero, o que no vean nada de sagrado en el mensaje, sabe que ellos no sentirán ninguna obligación de obedecer las palabras que Dios les envía. Y cuando la luz se desecha como si se tratara de oscuridad, Satanás logra sus propósitos.

Nuestro Señor es un Dios celoso; con él no se debe jugar. Aquel que hace todas las cosas de acuerdo con el consejo de su propia voluntad, se ha complacido en colocar a los seres humanos en circunstancias variadas, y de encargarles deberes peculiares tanto a los tiempos en que viven como a las condiciones bajo las cuales les toca actuar. Si valoraran la luz que les ha sido dada, sus facultades serían grandemente aumentadas y ennoblecidas, y ante ellos se abrirían panoramas más amplios de la verdad. Ante sus mentes se revelaría el misterio de las cosas eternas, y especialmente de la gracia maravillosa de Dios como se manifiesta en el plan de la redención; las cosas espirituales se disciernen espiritualmente.

Jesús espera ansiosamente el momento de revelar a su pueblo la gloria que lo acompañará en ocasión de su segunda venida, y la ocasión de hacerles contemplar el cuadro de felicidad. Hay maravillas que revelar. Una vida entera de oración e investigación dejará muchas cosas inexploradas y sin explicación. Pero lo que no comprendamos ahora nos será revelado en el más allá. El trabajo de instrucción comenzado aquí continuará durante toda la eternidad. A medida que el Cordero conduzca a las huestes de los redimidos a la fuente de aguas vivas, les impartirá ricos tesoros de conocimiento; les explicará algunos misterios relacionados con los procedimientos de la providencia divina, que nunca antes habían sido comprendidos.

Por mucho que nos esforcemos por comprender a Dios, no lo lograremos. El no deja sus planes abiertos ante las mentes curiosas e inquisitivas. Nunca debemos tratar de descorrer con manos presuntuosas las cortinas detrás de las cuales él vela su majestad. El apóstol exclama: “¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” El hecho de que el escondedero de su poder nos haya sido vedado es una prueba de su misericordia, así como el saber que se encuentra envuelto en pavorosas nubes de misterio y oscuridad; porque descorrer la cortina que esconde a la Presencia Divina es muerte. Ninguna mente mortal puede penetrar el lugar secreto donde mora y realiza su obra el Todopoderoso. No podemos comprender nada más de lo que él ve prudente revelarnos acerca de la forma como nos trata y de los motivos que lo impulsan. El ordena todas las cosas en justicia, y nosotros no debemos mostrarnos insatisfechos y desconfiados, sino que tenemos el deber de inclinarnos en sumisión reverente. El nos revelará tanto como sea para nuestro bien, de acuerdo con sus propósitos; y fuera de eso necesitamos confiar en aquella mano que es omnipotente, y aquel corazón que rebosa de amor.