Devocional para hoy

29 de Agosto

La Naturaleza a la Luz del Calvario

Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. (Mateo 13:27-28).

Hasta donde sea posible, colóquese al niño, desde su más tierna edad, en situación tal que se abra ante él este maravilloso libro de texto. Contemple él las gloriosas escenas pintadas por el gran Artista maestro en las telas variables de los cielos; familiarícese con las maravillas de la tierra y el mar, observe los misterios revelados por las diversas estaciones y aprenda del Creador en todas sus obras.

De ningún otro modo puede ponerse con tanta firmeza y seguridad el cimiento de una verdadera educación. Sin embargo, hasta el niño, al ponerse en contacto con la naturaleza, hallará causas de perplejidad. No puede dejar de reconocer la actuación de fuerzas antagónicas. Es aquí donde la naturaleza necesita un intérprete. Al ver el mal manifiesto hasta en el mundo natural, todos tienen que aprender la misma triste lección: “Algún enemigo ha hecho esto”.

Sólo se puede leer debidamente la enseñanza de la naturaleza, a la luz que procede del Calvario. Hágase ver por medio de la historia de Belén y de la cruz, cómo el bien ha de vencer al mal, y cómo constituye un don de la redención cada bendición que recibimos.

En la zarza y la espina, el abrojo y la cizaña, está representado el mal que marchita y desfigura. En el canto del pájaro y el pimpollo que se abre, en la lluvia, y la luz del sol, en la brisa estival y en el suave rocío, en diez mil objetos de la naturaleza, desde el cedro del bosque hasta la violeta que florece a su pie, se ve el amor que restaura. Y la naturaleza nos habla todavía de la bondad de Dios.

“Yo conozco los pensamientos que pienso respecto de vosotros, dice Jehová; pensamientos de paz, y no de mal”. Este es el mensaje que, a la luz que procede de la cruz, debe leerse en toda la naturaleza. Los cielos declaran la gloria de Dios, y la tierra está llena de sus riquezas.

Cuando Adán y Eva perdieron los mantos de santidad en el Edén, perdieron la luz que había iluminado la naturaleza. Ya no la podían interpretar correctamente. Pero para los que reciben la luz de la vida de Cristo, la naturaleza vuelve a estar iluminada. Las enseñanzas de la naturaleza se pueden interpretar correctamente a la luz que brilla de la cruz.

La persona que tiene un conocimiento de Dios y de su palabra, tiene una fe establecida en la divinidad de las Sagradas Escrituras. No tiene que analizar la Biblia en base a las ideas de la ciencia. Más bien coloca esas ideas a prueba por medio de la norma inequívoca. El sabe que la Palabra de Dios es verdad, y que la verdad nunca se puede contradecir.

Los procedimientos de Dios, según se revelan en el mundo natural y en su forma de conducirse con los seres humanos, constituyen un tesoro del cual puede servirse cada estudiante de la escuela de Cristo.