Devocional para hoy

27 de Abril

El Pan Cotidiano Asegurado

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. (Mateo 6:11).

Como el niño, usted recibirá diariamente lo que se requiera para suplir las necesidades de ese día. Cada día debe orar: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. No se sienta perturbado si no tiene suficiente para mañana. Usted posee la seguridad de su promesa: “Tú habitarás en la tierra y ciertamente serás alimentado”. David dijo: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Salmos 37:25).

Aquel Dios que envió a los cuervos para que alimentaran a Elías en el arroyo de Querit, no se olvidará de ninguno de sus hijos fieles y sacrificados. De la persona que camina en justicia se escribe: “Se le dará su pan, y sus aguas serán seguras” (Isaías 33:16). “No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados” (Salmos 37:19). “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).

El que alivió los cuidados de su madre viuda y ayudó a sostener el hogar de Nazaret, simpatiza con cada madre que lucha para proveerles alimento a sus hijos. El que tuvo compasión de la multitud porque desfallecían y estaban esparcidos, todavía siente compasión por el pobre sufriente. Su mano se extiende sobre ellos para bendecirlos y en la misma oración que les dio a los discípulos nos enseña a acordarnos de los pobres.

La oración por el pan cotidiano incluye no solamente el alimento para sostener el cuerpo, sino también el pan espiritual que nutrirá el alma para vida eterna. Nos dice Jesús: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece” (Juan 6:27). “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (vers. 51). Nuestro Salvador es el pan de vida; cuando miramos su amor y lo recibimos en el alma, comemos el pan que desciende del cielo.

Recibimos a Cristo por su Palabra, y se nos da el Espíritu Santo para abrir la Palabra de Dios a nuestro entendimiento y hacer penetrar sus verdades en nuestro corazón. Hemos de orar día tras día para que, mientras leemos su Palabra, Dios nos envíe su Espíritu con el fin de revelarnos la verdad que fortalecerá nuestras almas para las necesidades del día.

Al enseñarnos a pedir cada día lo que necesitamos, tanto las bendiciones temporales como las espirituales, Dios desea alcanzar un propósito para beneficio nuestro. Quiere que sintamos cuánto dependemos de su cuidado constante, porque procura atraernos a una comunión íntima con él. En esta comunión con Cristo, mediante la oración y el estudio de las verdades grandes y preciosas de su Palabra, seremos alimentados como almas con hambre; como almas sedientas seremos refrescados en la fuente de la vida.