Si la ley se comprendiera separada de Cristo, tendría un
poder aplastante sobre el ser humano pecador,
eliminándolo de la existencia. Pero al comprender la ley
en conexión con Cristo, recibiéndole a él por fe como su
sustituto y seguridad, el hombre se ve a sí mismo como
un prisionero de esperanza. La verdad como es en Jesús
consiste en conocer la ley de Dios, santa, justa y
buena, tal como en Cristo se la exalta y se muestra su
inmutabilidad. El magnificó la ley, ampliando cada uno
de sus preceptos, y al obedecerla le dejó un ejemplo al
hombre, para que él también pudiera conformarse a sus
demandas...
Las agonías del jardín del Getsemaní, el insulto, la
burla, el abuso, que se amontonaron sobre el amado Hijo
de Dios, los horrores y la ignominia de la crucifixión,
constituyen una demostración suficiente y conmovedora
acerca de que la justicia de Dios, cuando castiga, lo
hace cabalmente. El hecho de que Dios no escatimara a su
propio Hijo, la seguridad del hombre, constituye una
evidencia eternamente válida ante santos y pecadores,
ante el universo de Dios, de que tampoco excusará al
transgresor de la ley.
Dios es amor. Dio evidencia de ese amor en el don de su
Hijo unigénito. Sin embargo, el amor de Dios no excusa
el pecado. Dios no excusó el pecado de Satanás, de Adán,
ni de Caín, ni lo excusará en ninguno de los hijos del
hombre. La naturaleza pervertida del ser humano puede
distorsionar el amor de Dios y hacerlo aparecer un
atributo de debilidad; pero la luz brilla desde la cruz
del Calvario para que el hombre pueda corregir sus
conceptos y adoptar teorías que no estén pervertidas.
Dios ha dado su ley para que rija la conducta de las
naciones, de las familias, y de los individuos. No hay
ni siquiera un obrador de iniquidad que pueda escapar a
las denuncias de esta ley, aunque su pecado sea el más
insignificante y el más secreto. Toda la obra del padre
de mentiras está registrada en los libros de reglamentos
del cielo; y los que se prestan al servicio de Satanás,
para enseñar a los hombres sus mentiras por precepto y
práctica, recibirán conforme a sus obras. Cada ofensa
hecha contra Dios, por diminuta que sea, se anota en los
registros. Y cuando se esgrima la espada de la justicia,
realizará la obra que fue hecha contra el Divino
Sufriente. Se hará justicia; porque el odio de Dios por
el pecado es intenso e irresistible.
La verdad como es en Jesús enseña lecciones de
importancia vital. Demuestra que el amor de Dios es
amplio y profundo; que es infinito; y que será
inflexible al determinar el castigo de los
desobedientes, es decir, de los que han hecho nula la
ley de Dios. En esto se combinan el amor y la justicia
de Dios, quien se inclinó hasta las mismas profundidades
de la miseria y la degradación humanas, para rescatar a
los caídos y oprimidos que se asen de la verdad mediante
el arrepentimiento y la fe en Jesús.