Devocional para hoy

21 de Enero

A Buscar y Salvar a los Perdidos

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lucas 19:10)

Aparece el Maestro designado por el Cielo, y no es otro personaje que el Hijo del Dios infinito. Extiéndase el pergamino y léase de él. Moisés declaró a los hijos de Israel: “Y Jehová me dijo: han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta” (Deuteronomio 18:17-19). Esta es la predicción que anuncia la ilustre llegada. Sus palabras no debían pasarse por alto; porque su autoridad era suprema e invencible su poder.

Desenrollemos el pergamino un poco más, y leamos lo que dice Isaías acerca de su obra: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les de gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado, y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya” (Isaías 61:1-3).

Nuevamente leemos acerca de Cristo como el futuro mensajero del pacto, y como el Sol de justicia que aún debía de salir. Los profetas hicieron de él su tema primero y postrero.

Los judíos no lo recibieron a su llegada, porque se habían hecho una idea falsa acerca de la manera en que vendría. ¿Este Jesús, un aldeano y carpintero de origen oscuro, el Hijo de Dios, el Mesías? No podía ser.

Pero en Cristo desaparecieron las peculiaridades que separaban a los judíos de las otras nacionalidades. El mismo se colocó en un lugar de donde pudiera impartir instrucción a toda clase de personas. A menudo les dijo que estaba relacionado con toda la familia humana, judíos y gentiles. “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13), declaró. Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Para esto dejó a las noventa y nueve; para esto se despojó de sus ropas reales, y veló su divinidad con la humanidad. El mundo entero es el campo de trabajo de Cristo. En sus pensamientos no entra una esfera menor.