Devocional para hoy, Marzo 4

 

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El Espíritu Estaba en Cristo Desde Su Juventud


Cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Lucas 2:42.


A la edad de doce años el Espíritu Santo moraba en Jesús y el Señor ya sentía parte del peso de la misión por la cual había venido a nuestro mundo. Su alma fue movida a la acción. Como alguien que deseaba aprender, hacía preguntas de carácter nada ordinario, mediante las cuales arrojaba luz entre quienes lo escuchaban, y los conducía a una comprensión de las profecías y de la verdadera misión y tarea del Mesías, que ya comenzaba a experimentar.
El pueblo judío acariciaba ideas equivocadas. Para cuando el Mesías apareciera, esperaban la realización de cosas grandes y extraordinarias esperanzados en su propia exaltación personal sobre las demás naciones de la tierra. Buscaban la gloria que acompañará a la segunda venida de Cristo, a la vez que pasaban por alto la humillación que debía acompañar su primer advenimiento.
Pero en sus preguntas acerca de las profecías de Isaías que apuntaban hacia su primera venida, Jesús arrojaba luz sobre las mentes de las personas que se mostraban dispuestas a recibir la verdad. El mismo les había dado profecías antes de su encarnación en la humanidad, y a medida que el Espíritu Santo traía estas cosas a su mente, y lo impresionaba acerca de la gran obra que debía realizar, impartía luz y conocimiento a los que lo rodeaban.
Aunque crecía en conocimiento y la gracia de Dios estaba con él, no se enorgulleció ni sintió que estaba por encima de la realización del deber más humilde. Llevó su parte de la carga, junto con su padre, su madre y sus hermanos... A pesar de que su sabiduría había asombrado a los doctores, se sometió humildemente a la tutela de sus guardianes humanos. Soportó lo que le correspondía de las cargas familiares y trabajó con sus propias manos como lo habría hecho cualquier trabajador. De Jesús se dijo que a medida que avanzaba en años “crecía en sabiduría, en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”.
El conocimiento que adquiría diariamente acerca de su misión maravillosa no lo descalificaba para la realización de los deberes más humildes. Realizaba alegremente el trabajo que le corresponde a los jóvenes que viven en hogares humildes presionados por la pobreza. Comprendía las tentaciones de los niños, porque tuvo que soportar sus tristezas y pruebas. Su propósito de hacer el bien fue firme y constante. Aunque fue inducido hacia el mal, rehusó apartarse una sola vez de la verdad y la rectitud más estrictas. Mantuvo una obediencia filial perfecta; pero su vida inmaculada suscitó la envidia y los celos de sus hermanos. Su niñez y juventud fueron cualquier cosa menos fáciles y alegres. Sus hermanos no creían en él y se irritaban porque no actuaba como ellos en todas las cosas ni se transformaba en uno de ellos en la práctica del mal. En su vida hogareña fue alegre, pero nunca ruidoso. Siempre mantuvo la actitud de quien estaba dispuesto a aprender. Se deleitaba en el estudio de la naturaleza, y Dios fue su maestro.

 


Extracto del libro "Exaltad a Jesús", sitios: www.HayUnDios.com y www.TheLordLovesYou.com

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