Devocional para hoy

13 de Septiembre

Desarrollo Físico, Mental y Espiritual

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. (Proverbios 22:6).

Tratar con las mentes juveniles es la obra más hermosa en que se hayan empeñado jamás hombres y mujeres. Debe ejercerse el mayor cuidado en la educación de los jóvenes, a fin de variar la manera de instruirlos, con el propósito de despertar las facultades más elevadas y nobles de la mente. Los padres y los maestros no están ciertamente preparados para educar debidamente a los niños si no han aprendido primero la lección del dominio propio, la paciencia, la tolerancia, la bondad y el amor. ¡Qué puesto importante es el de los padres, tutores y maestros! Son muy pocos los que comprenden las necesidades más esenciales de la mente, y cómo se ha de dirigir el intelecto que se desarrolla, los pensamientos y sentimientos en constante crecimiento de los jóvenes.

La primera educación de los jóvenes amolda su carácter, tanto en su vida secular como en la religiosa. Salomón dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Este lenguaje es positivo. La preparación que Salomón recomienda consiste en dirigir, educar y desarrollar. Para hacer esta obra, los padres y los maestros deben comprender ellos mismos el “camino” por el cual debe andar el niño. Esto abarca más que tener simplemente un conocimiento de los libros. Abarca todo lo que es bueno, virtuoso, justo y santo. Abarca la práctica de la templanza, la piedad, la bondad fraternal y el amor mutuo y hacia Dios. A fin de alcanzar este objeto, debe recibir atención la educación física, mental, moral y religiosa de los niños. Debe enseñárseles a los niños a respetar el juicio experimentado y a ser guiados por sus padres y maestros. Se los debe educar de tal manera que sus mentes estén unidas con las de sus padres y maestros, y se los ha de instruir para que comprendan lo conveniente que es escuchar sus consejos. Entonces, cuando se aparten de la mano guiadora de sus padres y maestros, su carácter no será como el junco que tiembla al viento.

Hay que dejar a los niños pequeños libres como corderitos para que corran afuera, libres y felices, de modo que tengan las oportunidades más favorables para establecer el fundamento de una constitución física sana y fuerte.

En su hogar, la madre debiera promover menos su amor por lo artificial y dedicar tiempo a cultivar, tanto en ella como en sus hijos, el amor por los bellos botones y flores que se abren. Puede guiar sus mentes, orientándolas hacia su Creador, y despertar en sus corazoncitos el amor por las obras de Dios. Los padres pueden asociar a Dios con todas sus obras creadas. Estas lecciones, impresas en las mentes de los niños pequeños entre las escenas placenteras y atractivas de la naturaleza, no se olvidarán muy pronto.