La Verdad Central y Preeminente
Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir,... no
con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de
Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1
Pedro 1:18-19.
La Palabra de Dios es el solemne instrumento que
convence de pecado al inconverso, persuadiéndolo de la
necesidad que tiene del Salvador que perdona los
pecados.
El plan de salvación combina las influencias santas de
la luz del pasado y del presente. Estas influencias
están unidas por la cadena dorada de la obediencia por
amor. La recepción de Cristo por la fe y la sumisión a
la voluntad de Dios transforman a los hombres y las
mujeres en hijos e hijas de Dios. Mediante el poder que
únicamente el Salvador puede darles son aceptados como
miembros de la familia real, herederos de Dios y
coherederos con Cristo...
Amar a Dios de todo corazón y ser participantes de la
humillación y los sufrimientos de Cristo, significa más
de lo que muchos comprenden. La expiación de Cristo es
la gran verdad central alrededor de la cual se agrupan
todas las demás verdades pertinentes a la gran obra de
la redención. La mente del hombre debe fundirse en la
mente de Cristo. Esta unión santifica el entendimiento e
imparte claridad y fuerza a los pensamientos...
El mundo es nuestro campo de esfuerzo misionero, y hemos
de salir a trabajar rodeados con la atmósfera del Getsemaní
y el Calvario...
Dios aborrece más la indiferencia que se manifiesta en
los asuntos religiosos que la misma infidelidad, porque
las pretensiones religiosas desprovistas de una religión
genuina son una perenne piedra de tropiezo para los
pecadores. Mientras más frías y formales sean las
personas en lo que respecta a la vida religiosa, más
llenos estarán de egoísmo, y el egoísmo obra
invariablemente en contra de Cristo. Usted puede tener
mucho conocimiento, pero a menos que posea una religión
verdadera y pura, su conocimiento resulta inútil para
Cristo.
No permita Dios que acerca de usted se tengan que
pronunciar las siguientes palabras: “Yo conozco tus
obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío
o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni
caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo
soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo
necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado,
miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te
aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para
que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que
no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus
ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a
todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” Apocalipsis
3:15-19.
Cada alma puede enriquecerse en tesoros espirituales. En
medio de la terrible iniquidad de este mundo los seres
humanos pueden servir a Dios con tanta fidelidad que él
derrame las riquezas eternas sobre ellos. El obrará en
favor de los que le sirven fielmente. Puede humillar a
los más empedernidos perseguidores de su pueblo,
transformándolos en amigos mediante la aceptación de la
verdad, o despojándolos de su poder para hacer daño.